Figura del logopeda en la tercera edad

Actualmente nuestra sociedad se caracteriza por un aumento de la población anciana, debido a los avances sanitarios y a las mejoras en las condiciones de vida con las que contamos. Por ello comenzamos a dar una mayor importancia a cubrir las necesidades que tenemos a medida que envejecemos, con el fin de mejorar nuestra calidad de vida el mayor tiempo posible.

 

Diversos estudios demuestran que existe un deterioro del lenguaje directamente relacionado con el propio hecho de la vejez, sin necesidad de que vaya acompañado por un trastorno o patología. Sin embargo, el tratamiento logopédico que se ofrece a este sector de la tercera edad es insuficiente, puesto que hemos normalizado dicho deterioro dejando a un lado la intervención, que permitiría minimizar sus efectos.

 

Como hemos señalado anteriormente, incluso aquellos ancianos sin una patología concreta pueden padecer algún tipo de alteración lingüística debida al propio envejecimiento. Citamos las más frecuentes: anomia debido a una dificultad en el acceso al léxico (enlentecimiento o incluso imposibilidad para encontrar la palabra adecuada), dificultades comprensivas de oraciones o textos complejos, dificultad en la narración por falta de planificación del discurso, problemas de memoria y velocidad de procesamiento (tiempo de reacción ante un estímulo de cualquier tipo). Por otra parte, las dificultades auditivas suelen darse con frecuencia durante la vejez, debiendo hacer uso de una prótesis auditiva, lo que conlleva a hacer un seguimiento y control por parte del logopeda, asegurando que los déficits de audición del paciente estén cubiertos. Así mismo, no debemos olvidar la problemática de la disfagia (dificultad en la deglución) que es tan frecuente entre nuestros ancianos, debiendo de ser tratada para conseguir una alimentación segura de los pacientes que la padezcan.

 

El logopeda tiene como función evaluar, prevenir e intervenir en trastornos de la comunicación: lenguaje, habla, voz y audición, así como en la deglución. Por ello consideramos que la figura del logopeda es de gran importancia entre el sector de la tercera edad, puesto que se encargará de realizar una valoración específica de los déficits que se detecten y posteriormente trazará la intervención, no sólo para intentar mejorar la dificultad en cuestión, sino además para preservar las habilidades que presenta o cómo paliar los déficits, buscando alternativas que repercutan en una mejor calidad de vida.

 

Con el fin de preservar y estimular la mente debemos destacar la importancia de hacer una correcta estimulación cognitiva de los ancianos, mediante un equipo de profesionales multidisciplinar encargado de desarrollar las capacidades mentales del paciente, con el fin de ralentizar y prevenir el deterioro cognitivo así como mantener la autonomía de la persona durante el máximo tiempo posible.

 

El trabajo del logopeda va más allá de dedicarse en exclusiva al paciente que presenta dicho deterioro. Es importante que asesore a aquellas personas que le rodean: cuidadores y familiares, con el fin de proporcionar técnicas y herramientas que favorezcan la comunicación y contribuyan en la integración del anciano en el seno familiar.

 

Concluimos que el logopeda no debe ver su intervención limitada a aquellos ancianos con una patología concreta, sino que también debe actuar sobre aquellos mayores que no presentan lesiones asociadas, pero que observan que sus capacidades comunicativas se van deteriorando debido al envejecimiento.

 

 


 

Alba Gascó Sabina

Logopeda del CLPMA