Suicidio, un estigma doloroso

El 10 de septiembre, se celebró el Día Mundial para la Prevención del Suicidio con el objetivo de concienciar sobre la importancia que tiene este estigma en nuestra población actual. Pero ¿somos realmente conscientes de la relevancia que tiene el suicidio en nuestra sociedad?

¿LE DAMOS SUFICIENTE IMPORTANCIA AL SUICIDIO?

Es preocupante qué siendo la primera causa de muerte no natural en España, el suicidio se haya mantenido siempre como un estigma en la sociedad y a día de hoy, siga siendo un tema con una escasa atención y sensibilización social en nuestra educación.

Las conductas suicidas no conocen de edad, sexo, condición social ni económica, y pueden aparecer por múltiples causas, siendo por ello fundamental, hacer campañas de concienciación social, y al mismo tiempo, trabajar desde el contexto educativo y familiar para entender el suicidio con la importancia y normalización que ello requiere.

Las causas del suicidio no sólo están asociadas a enfermedades mentales como la depresión, factores clínicos o hereditarios, sino que pueden estar relacionadas con situaciones de distinta índole social o ambiental como: la violencia doméstica, rupturas amorosas, acoso escolar o bullying, aislamiento, duelo o pérdida de un ser querido, problemas económicos, etc. Por ello, es importante que se dé una prevención a nivel global que contemple todos los ámbitos (clínico, social y educativo) así como mejorar el acceso público a los servicios sanitarios.

La Covid-19 ha generado también que las conductas suicidas hayan ido en aumento, debido al aislamiento social generado por el confinamiento y la imposibilidad o pérdida de atención psicológica que han experimentado los pacientes de salud mental durante la pandemia.

¿SE PUEDE PREVENIR EL SUICIDIO?

Actualmente, desde el ámbito de la psicología disponemos de distintas formas de prevención como: la terapia cognitiva, la terapia conductual y el refuerzo de las habilidades interpersonales, son algunas de las intervenciones más eficaces para la mejora de los síntomas derivados de las conductas suicidas. No menos importante es la prevención psicoeducativa de nuestros jóvenes, siendo fundamental el desarrollo de la inteligencia emocional como medio de prevención para dotarles de habilidades y estrategias de afrontamiento necesarias para el abordaje de las situaciones como las conductas suicidas.

Todo esto, reforzado por las campañas realizadas por las instituciones sociales, pueden ayudar a la población juvenil a comprender la gravedad que tiene en nuestra sociedad y sensibilizarnos mucho más con este estigma.

¿CÓMO PODEMOS RECONOCER LOS SÍNTOMAS DE LAS CONDUCTAS SUICIDAS?

Las conductas suicidas se pueden manifestar de múltiples formas, pueden aparecer mediante manifestaciones verbales (“no tengo ganas de vivir”, “ojalá no hubiera nacido”, “me gustaría no estar vivo”) o aislamiento social, síntomas de continua tristeza y desesperanza continua, falta de hábito e higiene, pérdida de sueño y alimentación, conductas autodestructivas, elevados picos de ansiedad o drogodependencias, entre otras.

¿QUÉ HACER EN ESTE CASO?

Lo principal, es que ante los primeros síntomas de alarma se busque ayuda psicológica profesional. Las intervenciones pueden incluir tratamiento psicológico individual, familiar y/o farmacológico, siendo de vital importancia las orientaciones en el entorno personal y social del paciente para favorecer la eficacia del tratamiento.


Raquel Barroso García

Psicóloga del C.L.P.M.A.

Col.: T-3645